Entre tu y yo: Reflexiones personales sobre la vejez

por | 14 Mar, 2023 | Salud mental | 10 Comentarios

Hacía tiempo que no me pasaba por aquí a reflexionar en voz alta. Esta plataforma es para mí una bocanada de aire fresco en la que me expreso sin miedo y, a la vez, expongo en gran medida todos ellos.

Entre tú y yo…, llevo semanas dándole vueltas a la cabeza a un tema: LA VEJEZ. Por ello, voy a dejar fluir mis ideas, más o menos acertadas y más o menos acordes con las que cada uno tiene sobre este tema.

Empezaré este texto haciéndote saber que este tema no es casualidad. Es fruto de varias circunstancias que se han ido dando a lo largo de los dos últimos meses: enero y febrero. Y bien, me gustaría empezar marzo con la mente despejada. Os recuerdo que escribir es terapéutico. Libera.

Expondré mi conclusión al final del texto. Y, por supuesto, una servidora, quien escribe, está abierta a todos los comentarios que me lleguen. Comparto aquí mis reflexiones personales sobre la vejez.

Tres circunstancias que me llevaron a escribir sobre la vejez

– Mi cumpleaños: la crisis de los 40 llegó tarde

Hace dos meses me cumplieron 41 años. Edad fantástica, lo sé. Cualquier edad es la adecuada para empezar cualquier proyecto, pero créeme, lector, cuando te digo que estos 41 años han sido diferentes a los de otros años. He empezado a reflexionar sobre el paso del tiempo. ¿Dónde estoy? ¿Qué hice? ¿Adónde quiero dirigirme?  La famosa crisis de los 40 me ha llegado a los 41. Al observarme en fotografías pasadas y no tan pasadas, sólo puedo decir que, a nivel físico, ya no soy la misma jovencita de antes. Eso es una evidencia.

  • Arrugas incipientes.

  • Kilos que no bajan ni con 7.000 pasos diarios. ¡Ojo! Lo reconozco; me encanta comer.

  • Surtido de canas fruto de la herencia familiar.

  • Minúsculas manchas en la piel que solo yo puedo apreciar.

¡Señoras y señores, esto va a más!

Así que una voz en off me dice: “¡¡NIÑA, ESPABILA QUE VIENEN CURVAS!!”. Trátate bien. No te obsesiones con el paso de los años. Quiérete mucho y agradece el ahora, porque, aunque es inevitable darse cuenta de los cambios: (especialmente si coges unas fotografías de hace 10 años) … me siento todavía esa jovencita de 20, sólo que con un cuerpo “diverso” y, por supuesto, con más historias que contar.

Cuando los superhéroes se vuelven humanos

El mes pasado fui a visitar a mis padres en España. Hacía 5 meses que no iba a verlos y, aunque los llamo casi a diario, esta vez decidí que ya era tiempo de estar con ellos.  Y la verdad, mis padres están viejecitos.

Tienen sus rutinas, sus comidas a medio gas, su televisión y para de contar. ¡Sí, por Dios!, Tengo la suerte de tenerlos a mi lado. ¡Soy muy afortunada! Pero entre tú y yo… Ya no son mis superhéroes, fuertes y con ganas de todo. Ya no hay largos paseos por la playa. Adiós a irnos de excursión. “Bye, bye” a las largas charlas de sobremesa. “Ciao” a los juegos en el suelo. “Au revoir” a las risas en mitad de las comidas. Tienen otro aspecto (como el mío, supongo) y otra manera de ver y de hacer las cosas… Es cierto que la pandemia de 2020 les pasó factura (como a todos), pero a ellos, muy especialmente.

Debo añadir, además, que justo una semana antes de que me reencontrara con ellos en España, a mi padre le diagnosticaron Parkinson … y lo único que pude decirle nada más verle fue:

– ¡Oye, papá, tú de esto no te mueres! ¡Sólo que estás tan contento de verme que te tiemblan las manos!

Cierto es que a mi padre (que aún está asimilando lo que le viene encima), no le hizo ninguna gracia el comentario. Me miró con cara escéptica y tan sólo pudo decirme de forma excesivamente educada:

– Pues debe ser eso, hija.

No fue el comentario más acertado, lo sé. Me di cuenta enseguida al ver la cara de mi madre al escuchar semejante barbaridad, pero créeme, entre tú y yo, cuando te confieso que no había mala intención en mis palabras, al contrario.

Cuando el mundo te recuerda que pasan los años

En tercer y último lugar, ¿no os ocurre que cuando tenéis un tema en la cabeza, todo lo que os rodea tiene que ver con ese tema? Os pongo un ejemplo: mujer embarazada, paseando por la calle y sólo ve mujeres embarazadas.

Otro ejemplo: te gustaría comprarte una chaqueta que viste hace poco, y resulta que eres capaz de ver a cientos de personas en un solo día con esa fantástica chaqueta que finalmente no conseguiste comprar. Pues lo dicho, lo mismo me pasa a mí con el tema, es por eso que lo escribo en esta plataforma y lo vomito todo (pido disculpas de antemano, por el término “vomito todo” pero es el que emplearía si hablara personalmente contigo).

No es que ahora sólo me fije en gente mayor, pero hace poco recibí una oferta de empleo en una residencia de ancianos. Por otra parte, en las redes sociales, estoy empezando a saturarme de la cantidad de publicidad que me hacen llegar (a diario) acerca de: “¿Quieres que tu piel luzca 20 años más joven? Este sérum alisador de arrugas consigue en 3 semanas que luzcas radiante”.

Y yo me digo a mí misma: “¡JESÚS DEL HUERTO! ¿Será eso verdad? ¿Me dejará esa piel?”
¿Voy a ser, en un periodo muy breve, carnaza para la industria cosmética?

Aprendiendo de Maruja Torres

Hace poco, una buena amiga me envió un vídeo de una entrevista a Maruja Torres. Una octogenaria periodista y escritora española sin pelos en la lengua que, entre otras cosas, siempre ha dicho lo que le ha dado la gana.

Pues bien, Maruja Torres, hablaba de la vejez y decía:

“SER VIEJA O SER VIEJO NO ES UN INSULTO. ES UN AUTÉNTICO LOGRO. Hay que ser más valiente para ser viejo que para ir a la guerra. Porque el que va a la guerra, cree que va a sobrevivir y el viejo ya sabe, ya va sabiendo, que su decrepitud avanza. Debemos quitarles el miedo a los viejos, a la vejez. Eres el mismo hombre o la misma mujer que fuiste. Ocurre que ahora sabes que te quedan pocos años. Pero eso, debe ser incluso un aliciente para disfrutarlo aún más. Eres tan joven en tu vejez como lo fuiste en tu adolescencia, porque todo te sucede por primera vez. Cada día es nuevo”.

Mi reflexión final

Voy a enfrentarme a la vejez, a la mía propia y a la de los míos, con amor y dignidad. Aceptándome y aceptando cada una de mis transformaciones, las que están y las que vienen, de camino, con alegría, plenitud y agradecimiento. Tendré días mejores que otros, pero ¡oye! De eso se trata la vida. Dicho esto, entre tú y yo… TEMA CERRADO. TERAPIA RESUELTA por el momento.

Solo una cosa más, quizá entre las arrugas, los diagnósticos que asustan y las cremas que prometen devolvernos la juventud, lo único que realmente importa es esto: estar presentes. Para los que se van haciendo mayores. Para nosotros mismos. Para los que vendrán.

Acompañar también es una forma de querer.

Si estás viviendo el duelo de ver envejecer a tus padres, si sientes que el tiempo corre demasiado rápido, si la tristeza te pesa… no tienes por qué cargar con ello solo o sola.

En el Teléfono de la Esperanza en Suiza, te escuchamos. 📞 043 817 65 65

Texto escrito por Ana García Ballester. Exvoluntaria del TES, área de comunicación.

 

043 817 65 65