El día que Zúrich dejó de ser un lugar extraño

por | 12 Ago, 2026 | Salud mental | 0 Comentarios

Porque sentir que perteneces a un lugar no es un lujo: es una necesidad.

Mudarse de país también es mudarse por dentro. Al llegar a Suiza, no me pesó únicamente el idioma sino también la vida cotidiana y la sensación de estar siempre fuera de lugar. Esta es la historia de cómo Zúrich dejó de resultarme extraño, de por qué integrarme no ha sido borrarme para encajar, y de lo que cambia cuando alguien camina contigo. Porque sentir que perteneces a un lugar no es un lujo: es una necesidad.

 

Nadie te avisa del frío de adentro

Cuando llegué a Suiza, no me daba miedo solo el idioma: me daba miedo la vida cotidiana. Ir al supermercado podía ser una prueba enorme. Todavía me acuerdo de quedarme delante de la caja del Migros mirando la pantalla sin entender la cifra que me decía la cajera, o de estar con la cola detrás de mí ensayando en la cabeza cómo pedir una bolsa antes de que llegara mi turno. Y lo más absurdo: había estudiado alemán, pero la cajera me hablaba en suizo alemán y casi no la entendía. Sentía que mi alemán no era suficiente ni siquiera para algo tan básico. Nadie te avisa de eso.

Te hablan del papeleo, del seguro, de lo caro que es todo. No de las tardes en que echas de menos algo más raro que tu país: a la versión de ti que se movía por el mundo sin pensarlo,la que entraba a cualquier sitio sin sentir que estaba haciendo un examen.

Integrarse no ha sido dejar de ser yo misma

Yo creo que hay un malentendido con la integración. A veces se entiende como borrarse,disimular o parecerse a lo que se espera de uno, como si integrarse fuera desaparecer para encajar. Estoy de acuerdo con quienes dicen que integrarse no es asimilarse: no es diluirse hasta dejar de notarse. Para mí, integrarme no ha sido dejar de ser yo. Ha sido aprender el idioma sin avergonzarme de mi acento, entrar al Kunsthaus y sentir, poco a poco, que ese espacio también es mío, que puedo curiosear y equivocarme.

He ido haciendo sitio a lo nuevo: otra lengua, otras costumbres, otra forma de hacer las cosas, sin renunciar a quien soy. Y, a la vez, he traído lo mío: mi manera de mirar, mis preguntas, mi forma de acercarme a la gente.

Integrarme no ha sido llegar y desaparecer, sino quedarme y que este lugar de acogida cambie un poquito porque yo estoy aquí.

Lo que cambia cuando alguien camina contigo.

Hace unos meses, una voluntaria me contó algo que no se me olvida: llevaba tres años en Zúrich y no había pisado un museo. No por falta de ganas: le daba vértigo ir sola. El día que fue por primera vez en grupo, con gente que hablaba su idioma, algo se movió. No fue el museo: fue sentir que tenía permiso para estar ahí. Eso hace la compañía. No te resuelve el idioma, ni los trámites, ni la distancia de casa, pero te da permiso para ser. Y, a veces, eso es justo lo que falta para dar el primer paso para hacer de Zürich tu hogar.

Pasos pequeños que acaban siendo raíces

La integración ha sido para mí un proceso, no un día concreto. No me llegó de golpe. Me llegó la tarde en la que pedí algo en alemán y me entendieron. Cuando conocí a alguien en un taller y quedamos para tomar un café. Cuando entré por segunda vez a un sitio y ya no me sentí como una extraña. Pasos pequeños que, casi sin darme cuenta, fueron echando raíces. Por eso, desde el Teléfono de la Esperanza, organizamos encuentros para acompañar esos primeros pasos: salidas a museos en grupo, espacios para hablar sin miedo al acento y personas con quienes recorrer la ciudad.

Porque sentir que perteneces a un lugar no es un lujo: es una necesidad. Y nadie debería tener que construirla en soledad.

Hoy entro al Migros sin que se me acelere el pulso y pido la bolsa sin ensayarlo antes. Parece poco. Pero fue así, paso a paso, como Zúrich dejó de ser un lugar extraño.

Si necesitas hablar con alguien, llámanos o escríbenos. Estamos aquí para ti siempre que nos necesites; llevamos más de 20 años al otro lado de la línea escuchándote sin juicios.

Diana Isabel Vera Bermúdez es estudiante de psicología y participaba como practicante en los encuentros «Entre Amigos» del área de Crecimiento Personal en el Teléfono de la Esperanza Suiza
043 817 65 65